La práctica de Chi kung ...


La práctica de
chi kung cultiva la percepción clara. Una sesión de chi kung propone un modo de actuar distinto al de nuestras rutinas cotidianas. Es una propuesta para movernos, respirar y adoptar posturas que no son habituales para nosotros.

Pero no se trata de posturas forzadas, movimientos complicados o esquemas posturales extremos. El chi kung es una práctica asequible y aparece como un juego en el que se nos pide que empleemos nuestras capacidades funcionales y perceptivas de otro modo.

Practicamos una actividad física, en la que atendemos a los movimientos y a su coordinación, al flujo de la respiración y a la ejecución correcta de las posturas.

Es un nuevo reto “jugar en campo contrario” que al ser distinto de nuestra cotidianeidad obliga al conjunto de nuestras facultades perceptivas a adaptarse en un entorno desconocido.

El cambio es adaptación

La capacidad adaptativa de la percepción desencadena así un proceso de cambio:  nueva exigencia implica nueva respuesta, y con ello, una adaptación más eficaz.

Pues lo que entra en juego no es sólo la actividad física y el ejercicio de la respiración sino su coordinación con las facultades psicológicas. La percepción, la atención y la concentración: el practicante debe ser consciente tanto de unas como de otras.

La práctica del chi kung no es aleatoria o meramente intuitiva sino que se ciñe a un método: regular el cuerpo, regular la respiración y regular la mente. La secuencia de este proceso redunda en la ampliación y el afinamiento de nuestras facultades cognitivas.

Aporta más información y de mayor calidad referente a nuestro estado psicofísico y de nuestro entorno y condiciones de vida en general: vivimos nuestra vida más atentos,  más despiertos y más motivados.


 

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