Tai Chi Chuan e imagen corporal en la tercera edad


Una aproximación a la percepción del ser humano respecto de su propio cuerpo a través de un reconocido trabajo académico conducido por una profesional de la psicología.


Por Lucrecia Inés Naiviat  


En este artículo comentaré la investigación que llevé a cabo entre los años 2013 y 2015, para obtener el título de la Licenciatura en Psicología, de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, de la Universidad Autónoma de Entre Ríos. Allí me propuse estudiar la relación entre la práctica regular de Tai Chi Chuan y la imagen corporal en sujetos de Tercera Edad. 

Focalice el estudio en la Tercera Edad por el aumento sostenido que se venía dando en la población adulta mayor en la provincia de Entre Ríos, al igual que en Argentina y el mundo. De esta manera, abordé el proceso de envejecimiento, haciendo hincapié en que esta problemática emergente requería la construcción de herramientas que permitieran abordarla. 

El proceso de envejecimiento se acompaña de ciertas ganancias, pero también de diversas pérdidas. Algunas de estas pérdidas están vinculadas al cuerpo y las capacidades, a algunas funciones y a los ideales anudados a todo ello, cuestiones que hacen a la identidad del sujeto. Ejemplos de esto son la pérdida de la movilidad, la agilidad y la autonomía, lo que puede despertar preocupación y ansiedad frente al cambio de imagen o de la capacidad física. 

La imagen corporal es un elemento importante de la identidad y se encuentra ligada a las pérdidas mencionadas. Se trata de un componente fundamental a tener en cuenta cuando se piensa en la salud, ya que una imagen corporal positiva (aceptación del propio cuerpo y su apariencia, acompañado de un sentimiento de bienestar respecto del mismo) refuerza la autoestima y promueve la salud física y emocional, mientras que una imagen corporal negativa (inconformismo con el propio cuerpo y su apariencia) puede desencadenar diversos trastornos psicopatológicos, como pueden ser la depresión o los trastornos alimentarios, entre otros. 

Ciertas investigaciones que existían sobre la relación entre la actividad física y la imagen corporal arrojaban resultados contrapuestos. Es decir, algunas concluían que quienes llevaban a cabo actividad física mejoraban su imagen corporal. Sin embargo, otro estudio exponía que quienes practicaban actividad física, comparados con quienes no lo hacían, presentaban una distancia mayor entre la imagen corporal real y la ideal, lo que les generaba mayor insatisfacción con la misma. De esta manera, pensé en el Tai Chi Chuan como posible herramienta para abordar dicha temática, por la íntima relación con el cuerpo que esta disciplina oriental propone. En este sentido, mi elección del Tai Chi Chuan como actividad específica se basó en sus características propias, las cuales implican conectarse con el cuerpo de manera consciente, interrelacionar diferentes partes del cuerpo al unísono para ejecutar los movimientos, reconocer músculos y tendones que en lo cotidiano no se está habituado a utilizar con atención plena. De esta manera, pensé en que este vínculo que el Tai Chi Chuan establece con el propio cuerpo, podría facilitar el proceso de asignación de energía psíquica sobre el mismo (libidinización), resultando en una modificación de la imagen corporal del sujeto que lo practica.

Teniendo en cuenta todo esto, me basé en la hipótesis de que si la psiquis influye sobre el cuerpo, pudiendo generar por ello trastornos psicosomáticos (enfermedades orgánicas de origen psicológico), poniendo en evidencia la íntima relación cuerpo-psiquis, a la inversa, el trabajo con el cuerpo podría influir sobre la psiquis, resultando de ello un posible modo de abordaje. 

Para desarrollar la investigación acorde a los requisitos metodológicos necesarios para validar el estudio, tomé una muestra de 40 sujetos, que reunieran las siguientes características: de 60 años o más de edad, de ambos sexos, sin práctica previa de Tai Chi Chuan. 

Para poder visualizar la relación entre la Imagen Corporal y práctica regular de Tai Chi Chuan, seleccioné dos grupos, uno Experimental y otro de Control (diseño experimental Pre-Post). De esa manera, se llevó a cabo la práctica de esa disciplina con el primer grupo durante 5 meses, dos veces por semana, con 60 minutos de duración cada clase, mientras que el segundo grupo no realizó la actividad. 

Empleé las técnicas de recolección de información (test y entrevistas) en ambos grupos, antes y después de los 5 meses transcurridos. A su vez, implementé la observación participante a lo largo de todo el proceso. 

Por cuestiones de diversa índole, al finalizar la investigación cumplimentaron con todos los requisitos 20 sujetos, 10 del grupo Experimental y 10 del Grupo Control, por lo que el análisis de la información se enfocó en ellos únicamente. Dicho análisis fue de tipo cuantitativo y cualitativo, comparando el antes y el después dentro de cada grupo y entre ellos. 

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